
Cuento: «La nota en el libro», B. R. F.*
29 de marzo de 2026
Comentario de «Malagracia» por Alfredo Orihuela
6 de abril de 2026Bella tarde queridos amigos de Ciudad Librera, felicitando a nuestro querido autor Julio Guillén por este viaje por la ciudad, en su primer libro Malagracia de Editorial Voces Múltiples.
Malagracia nos lleva por las crónicas de la ciudad donde el ser humano pregunta por su existencia en cada paso, calle, avenida, personaje, vínculo y relación…
La permanencia e impermanencia de su existencia nos acompaña, nos lleva a la pregunta ¿cuál será nuestro propósito como ser humano?, que a veces o muchas veces, se nos refleja como espejo en cada personaje, como fractal de nosotros mismos, como una parte de la urbe que la puebla de retazos y esperanzas.
Son crónicas silenciosas, inadvertidas, pero que el autor nos lo refleja con claridad. Estamos en tránsito, y la ciudad aprieta, devora, esta hambrienta de sus presas.
Nosotros, los que vamos caminando con nuestros sueños, divagantes, como sombras entre la neblina de la ciudad de Lima, que se puede parecer a otras ciudades del mundo, donde otros fantasmas pululan con sus fólderes manilas y sueños perdidos, pero a pesar de eso con la esperanza de llegar al último paradero. Con seguridad donde todos esperamos llegar, el último paradero, donde se venza la ciudad, donde el transito concluya, al llegar a casa, o a algún lugar.
Malagracia nos muestra que somos sobrevivientes de la ciudad, guardando celosamente la esperanza de que todo cambie o que llegue la última parada, nuestra condición de viajeros. Somos espectadores de que la última parada suceda como acto de la casualidad o como destino.
La esperanza está presente, cauta, reservada, por voluntad o por necesidad, como el sol que abraza el mar en la tarde, nos da una oportunidad para soñar, ciertamente la suerte puede cambiar en cualquier momento, podemos ser el personaje que como acto mágico consigue un asiento por pura esperanza, en una tarde de Lima…
Somos tan parecidos, coleccionamos, guardamos sueños, bajo una bolsa plástica, en un cuaderno, en un portafolio, nos aferramos a un boleto, que nos obsequia el día de suerte, la rifa del día.
El río, nuestro inicio y fin, el símbolo de nuestra ciudad ¿enferma? Nos grafica en la desesperanza. ¿Acaso el agua olvido su origen de serranía? ¿Así nosotros, los niños, olvidamos con plástico, smog y goma la inocencia? Es una advertencia para los viajeros, caminantes y agoreros.
Buscamos la luz, a pesar de todo, todos buscamos la luz, aunque fuera por un momento, y deseamos volver a encontrarla, luz, consuelo, claridad…, todos nos sujetamos de donde podamos, como un niño al seno de su madre….
En este panorama la fe puede ser elusiva, pero es una necesidad latente; por eso corremos de Rosario a Lázaro, revivimos al escribir y encontrarnos, la necesidad de escribir y soñar puede ser lo que nos mantenga vivos….
Malagracia nos teje y nos desteje en sus encuentros y desencuentros, y hay que estar a buen recaudo de esta ciudad, la estabilidad es delicada…
La soledad, un estado de conciencia, una revelación, una condición, y a pesar de ello la vida sucede.
Por ello el autor insinúa, los cactus nos entienden bien, los cactus que hablan de Fortunato, de los que no están en la ciudad, o solo son testigos silenciosos, no participan, pero están, como los cactus, como Fortunato, vigilante de una ciudad adormecida.
Y Las botellas flotan quizá a la deriva o quizá lejos de esta ciudad, y nosotros el sueño que viaja en ellas, somos las historias navegantes del mundo hasta llegar a la última parada…
Miguel Vílchez Garcés
Artista plástico y poeta. Bachiller de la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú (ENSABAP, 2009), ha participado en diversas exhibiciones artísticas desde su etapa de egresado. Ha desarrollado labores de promoción cultural en la Municipalidad de Pueblo Libre y se ha desempeñado como profesor de arte en distintos centros educativos e instituciones. Paralelamente, su trabajo creativo se expande hacia la poesía, participando en Heridita Fanzine y en el libro colectivo La imagen de las palabras. Ha ilustrado los poemarios de los poetas Mario Morquencho y Karina Valcárcel, estableciendo un diálogo constante entre imagen y palabra. Como poeta, fue finalista del concurso Qhapaq Ñan del Ministerio de Cultura del Perú con el poema “Soy una huaca”. En 2017 publicó su primer poemario, En espirales, con la editorial Hanan Harawi, una obra inspirada en la cosmovisión andina. De manera complementaria, se ha formado en terapias holísticas como ritualista andino y arteterapeuta, integrando estas prácticas a su visión artística y poética.





