
Tres poemas de «Bastión del alma», María Gricelda Grández
25 de mayo de 2026A veces me pregunto si Lima extraña algo de mí
Mientras desayuno cereal con leche,
un pedazo de pan blanco
y jugo de naranja artificial,
me ataca la pregunta.
La mesa cuadrada,
como las esquinas de la habitación
y las de mi auto viejo.
Ambas son burbuja.
Un habitáculo.
Y en el poco tiempo de ocio,
pienso en Lima.
Me pregunto si la señora de la farmacia
extraña verme cruzar la calle,
aunque solo le compré una vez.
¿Me extrañará la casera en el mercado del barrio?
La que me escuchaba pedir el vuelto para unos dulces.
Diez céntimos pues, mamá.
O quizá el vecino eterno y multifacético,
que se dibuja en mi memoria con una sonrisa amable
y un dolor inquietante en los ojos.
¿Se acordarán de extrañarme mis amigos del colegio?
Los familiares cercanos, puede que sí.
Pero, ¿mis amigos?
Tengo que escribirles.
O enviarles un email, lo que sea.
Que no se me olvide la abuela.
A ella tengo que llamarla.
Aunque no sepa cómo hacerlo,
porque pierdo la voz
cuando decido marcar un número que ya no recuerdo.
No me extrañan los amores perdidos
ni los profesores en la universidad,
de eso estoy seguro.
Pero confío en que los huesos de mis perros
y las flores marchitas del jardín seco de la casa,
a la que nunca más volveré, sí.
¿Me extrañará el paradero de buses de la esquina?
No, esos no, esos están acostumbrados a ver gente.
A sentirlos y, hasta un punto, a ser humillados con
escupitajos u orines.
Expectorado.
Acongojado.
Alienado.
Incomunicado.
En esta burbuja cuadrada
donde me pregunto si de verdad valió la pena salir.
Si hay razón en querer volver.
Planta trasplantada
Diez años se convierten en poco tiempo
cuando volteas a mirar.
El recuerdo de tu llegada puede ser difuso,
pero el día que te fuiste no.
Llamar “mi país” a la tierra que te vio nacer
llega a sentirse ajeno.
Es un sentimiento germinado
bifurcándose junto al futuro.
La familia y los amigos siguieron sin ti,
pero contigo, desde la vez que te fuiste.
Nadie debería abandonar lo que más quiere,
a menos que no tenga opción.
Porque decidir irse es más de audaces
que de los enraizados.
No fue huida, fue deseo de florecer.
Y con el cambio de estación,
liberar las semillas.
Simientes de sudor y lágrimas,
que se esparcen con cada huracán.
Ni el calor, ni el frío,
ni las noches intensas de lluvia han podido contigo.
Ni podrán.
Al fin y al cabo,
nunca ha sido fácil para una planta trasplantada
sobrevivir.
Flor caleidoscópica que no se marchita en tierra nueva.
Que vive.
Que prospera.
Tríptico
En la primaria,
comprendí que la vida se parece a un tríptico,
como los de las ferias escolares de ciencias.
Papel doblado en tres.
Títulos subrayados.
Un intento de explicar algo.
La cara frontal llamativa.
El primer impacto que demuestra el esfuerzo,
el orden.
Letra bonita.
Detalle con el que se hacen las cosas.
El amor.
Al abrirlo, encuentras la historia,
la travesía.
A la izquierda, la introducción.
El resumen de los años infantes.
Con una foto del niño que fuimos,
que todavía somos,
pegado con goma.
Al centro, los años de juventud,
de experimentación,
del desorden.
de hipótesis,
de pruebas y fallas,
resultados
y consecuencias.
A la derecha, las promesas,
los logros,
viajes,
nombres,
la familia,
las decisiones.
Una muestra breve de la vida adulta
en viñetas.
Atrás,
donde casi nadie mira,
una foto cualquiera,
ensayada,
agradeciendo a quienes estuvieron,
a quienes contribuyeron,
a veces con mucho y otras, con tan poco.
Más abajo,
justo en medio,
Un recuadro en blanco.
Ahí debería ir la muerte,
pero nadie la escribe.
Se entrega así,
incompleto.
Y como los trípticos de la escuela,
todos van a terminar en un baúl,
olvidados,
perdidos en el tiempo,
desapareciendo para siempre.
Angel Jiménez
Autor de la novela “Apocalipsis en Lima”, novela ganadora de los Premios Luces a mejor Literatura Juvenil del 2024 y mención honorífica a Best scifi Novel en los International Latino Book Awards 2025. Es guionista del comic «Diario del Apocalipsis en Lima». Tiene un título Asociado en Ciencias de Gestión de Mantenimiento Aeronáutica del Florida State College en Jacksonville. Durante el día, trabaja en mantenimiento y reparación de aviones, pero por las noches se sumerge en la lectura y la escritura. Ha publicado textos en las revistas Epitáfio, Plesiosaurio, Adªn, Teoría Ómicron y VLACzine. Reside en Ponte Vedra Beach, Florida, donde sigue cultivando su creatividad y pasión por la escritura mientras trabaja en otros proyectos literarios, manteniendo viva su conexión con su ciudad natal, Lima.
Tripulación, prepárense para el impacto, Angel Jiménez
La idea de hacer este poemario nace de escribir y recordar Lima. Al hacerlo, me di cuenta que había cosas que merecían ser plasmadas en letras con la intención de ser liberadas, pensamientos encarcelados, supongo. Estos textos son la proyección de lo que sentí durante un tiempo al dejar mi ciudad natal y lo que me tocó vivir en tierras a las que ahora llamo hogar. Es por eso que este libro se encuentra dividido en tres actos, uno para cada etapa del proceso del migrante, según mi experiencia. Según mis ojos. No estoy cien por ciento seguro de si son poemas en todo el significado de la palabra, pero creo que es algo más contemporáneo: una especie de fusión entre prosa y la letra que da al verso. Ha sido, en medio de todo, muy divertido. Me atrevo a decir que estos textos son lo más sincero y personal que alguna vez he escrito. Espero entonces, querido lector, que disfrutes la lectura como yo de escribirla.
Tripulación, prepárense para el impacto






