
Cuento: «El último arrullo», Leslie Uriarte
29 de marzo de 2026
Comentario de «Malagracia» por Miguel Vílchez Garcés
6 de abril de 20261
Estaba feliz, había ganado una de las plazas en el programa de becas de Centromin Perú. La beca duraría un año y se realizaría en distintas unidades de negocios. El concurso fue sumamente extenso, competitivo y agotador. Cuando ?nalmente publicaron los resultados, el comunicado anunciaba que el programa iniciaría el 14 de julio. No faltaban muchos días, así que empecé a preparar mis maletas. El clima en la sierra es mucho más frío que en Lima así que comencé por la ropa de invierno, que no era muchas por obvias razones. Lo siguiente serian libros y CDs. Me acerqué al librero y cogí el primer libro de ingeniería que vi. Al abrirlo, varios pedazos de papel cayeron al suelo. Me agaché y, al reconocer aquella nota que no veía desde hacía años, regresaron de golpe la felicidad y el dolor del primer amor.
En la secundaria, mi vida social era prácticamente inexistente. El colegio quedaba a dos horas de mi casa, así que no veía a mis compañeros fuera del aula. Tampoco tenía amigos en el barrio: entre el largo viaje diario, los quehaceres del hogar y las tareas escolares, apenas quedaba espacio para algo más que la rutina.
Ingresé a la universidad con apenas 17 años. La universidad fue una experiencia estimulante: más independencia, nuevos amigos, conversaciones fascinantes. No paso mucho tiempo para que la conociera. Desde que la vi en la clase me atrajo. Su belleza y manera de ser denotaban una femineidad que la hacían distinguirse. Su nombre era Jessica. La recuerdo alta y esbelta, llevaba un peinado moderno y ropa a la moda. No sé porque se ?jo en mi, solo puedo imaginar que haber ingresado en el segundo puesto del examen de ingreso me dio cierta notoriedad, así que no paso mucho tiempo para que habláramos. Desde el principio fue obvio que ella era emocionalmente más madura y popular que el resto de las compañeras. Mi atracción por ella crecía cada día más con cada interacción. Y sin darme cuenta esa atracción se convirtió en un sentimiento que empezó a ocuparlo todo: las horas de estudio, las series de tv, las canciones, incluso mis planes más simples. Nuestro primer baile lo tuvimos el día de la facultad. Ese día tuvimos clases desde la mañana hasta después de entrada la tarde. Un compañero me pregunto si iría a la ?esta saliendo de la ultima clase. Yo le conteste que probablemente no porque no lo había planeado. Recuerdo que había visto a Jessica en la clase de la mañana y solo de pasada. Bajamos al primer piso, la musica se escuchaban fuerte. Un pequeño estrado había aparecido en la entrada de la facultad. Vi a unos compañeros bebiendo cervezas esperando a un lado del estrado, después de saludarlos nos unimos al grupo. Yo tenia la esperanza de ver a Jessica y bailar con ella. Más estudiantes seguían llegando y la ?esta tomó más forma. Pero, viendo que Jessica no aparecía por ningún lado decidí irme. Recuerdo que me estaba yendo cuando la vi. Paso como en cámara lenta, ella sonrió al verme y caminando hacia mi nos encontramos en la pista de baile. Rápidamente le dije si quería bailar y ella acepto. Bailamos un largo rato pero no paso mucho tiempo para que unos alumnos de años
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Más avanzados se acercaron y la saludaron. Ella me los presento y formamos un grupo. Uno de ellos mostraba gran interés en Jessica. Él me presento a otras alumnas con el propósito de alejarme de ella pero eso no paso. Esa noche fue mágica para mi. No pasaría mucho tiempo para que se presentara la oportunidad de declarar le mis intensiones. Recuerdo que ese día después del laboratorio de Botánica nos quedamos conversando en el mezzanine del segundo piso de la facultad de Biología. Nos pusimos a conversar de todo y de nada, disfrutando de la conversación y la compañía. Cuando nos dimos cuenta ya era de noche. Ella me dijo que mejor seria que saliéramos del lugar. Le pregunte si le gustaría seguir la conversación en el parque cercano. Ella acepto y nos dirigimos al pequeño parque que estaba cerca. La noche era de luna llena y la temperatura era agradable. Cuando llegamos a la pequeña rotonda, no había gente alrededor. Nos sentamos y continuamos conversando. Yo la miraba ?jamente he intuía que la atracción era mutua. En un momento me arme de valor y acercándome más le di un beso. La suavidad de sus labios y la humedad de su boca hicieron que explotara en éxtasis. Luego de un momento nos separamos, abrí los ojos inmediatamente y le dije si que me gustaba y le que si quería ser mi enamorada. Ella me contesto que si y en ese momento el tiempo se detuvo todo desapareció y solo existíamos los dos. Nos besamos con tanta pasión que la boca me dolió por días. Al principio aprovechábamos cualquier oportunidad para estar solos y besarnos como dos adolescentes. Sin embargo ella me rompería el corazón un par de meses después cuando me termino sin más razones que la de su desamor. Esos dos meses estuvieron llenos de salidas al cine y paseos por el estadio. La ultima vez que la vi fue terriblemente incomodo para mi. En ese entonces cursaba el ultimo año de otra carrera en una universidad diferente y necesitaba información relacionada con un proyecto de diseño. Por algún motivo pensé que la podría encontrar en la biblioteca mi antigua facultad.
Realmente no pensaba encontrarla, para ese entonces ya la había olvidado; grande fue mi sorpresa cuando al ver la entrada de la facultad la vi comprando algo en la carrito de venta ambulatoria. Por un momento pensé que no me había visto pero no. Nos saludamos con un beso en la mejilla. Ella se veía como la recordaba, una mujer muy hermosa y de gran presencia. Cuando me vio tuvo una reacción que no me esperaba . Estaba contenta de verme pero yo me sentía incomodo ya que olvidarla me costo mucho. Ella me pregunto que había estado haciendo los últimos cuatro años. Le comente rápido que ya no estudiaba allí y que estaba por terminar otra carrera. Ella me propuso ir a la cafetería para ponernos al día. Yo inicialmente le dije que no, que no tenía mucho tiempo pero ella insistió y después de hacerme de rogar un poco más acepté. Ya en la cafetería me contó que se había cambiado de carrera y que le estaba yendo bien. Yo le comente que estaba terminando una carreras más lucrativa en una institución más prestigiosa. También le dije que estaba participando del programa de becas en PetroPeru. Quería impresionarla y mostrarme superior. Seguimos conversando Y en un momento inesperado cogiendo me la mano me dijo que nunca me olvido y que siempre pensaba. Yo me quede paralizado, me sentía muy incómodo. Le dije que lo sentía mucho pero que yo no correspondía ese sentimiento y que después de ese día no pensé mas en ella. Estaba molesto, todo el dolor de la ruptura regreso de golpe y la quise herir con el desdén de mis palabras. Finalmente nos levantamos de la mesa, la acompañe al paradero del bus y nos despedimos. Cuando regrese a casa fui a mi habitación y saque la nota que le había escrito hace 4 años. Después de leerla, la ira y el dolor llegaron a su punto máximo. En ese momento decidí eliminar lo ultimo que me quedaba de ella, rompí la nota en mil pedazos, pero no tuve en valor de tirarlos al tacho así que los puse en el libro que tenia en la mesa. Cerré el libro y lo guarde en el lugar mas recóndito del librero y decidí no pensar mas en lo que fue pero no es mas. Ahora mirando la nota otra vez, me doy cuenta que fue este desamor el que me permitió enfocarme en mis estudios y alcanzar el nivel profesional que tengo. Levante los pedazos de papel del piso y los tire en el tacho de basura y puse el libro de regreso en el librero. Una nueva aventura comenzaría con este viaje y quería que el resto de mi vida se iniciare cuanto antes .
*Muestra de cuentos del «Taller de Narrativa I» dictado por Jeremías Martínez Rodríguez.



